La Humildad se basa en el autorespeto.

Permite que el yo crezca con dignidad e integridad, sin necesitar la prueba externa.

Hace desaparecer la arrogancia. Elimina la posesividad que construye los muros de la petulancia.

Una persona humilde escucha y acepta a los demás.

La Humildad crea una mente abierta y el reconocimiento de sus propias fuerzas y las de los demás. La arrogancia daña o destruye la facultad de valorizar la unidad de los demás, y de ahí, es una sutil violación de sus derechos fundamentales.